Shelby GT350R: V8 5.2 de 543cv para el Mustang más potente de la historia

La marca inició la producción del motor aspirado más potente de su historia. Fue creado específicamente para el Shelby GT350R, la versión más extrema del Mustang, que celebra sus 50 años de vida.

La marca inició la producción del motor aspirado más potente de su historia. Fue creado específicamente para el Shelby GT350R, la versión más extrema del Mustang, que celebra sus 50 años de vida.

Si hay un motor que representa a un muscle car es sin dudas un V8. Y es que los americanos son especialistas en el desarrollo y la preparación de este tipo de motorización: desde los autos de serie, pick ups, SUV hasta los hot-rods hacen alarde de un poderoso ocho cilindros bajo el capot.

El Ford Mustang es otro ícono dentro de la cultura automovilística norteamericana –y aunque a lo largo de su historia y más aún en esta nueva generación, también utilizó impulsores más chicos- el V8 siempre estuvo reservado para sus versiones más prestacionales. Y si de prestaciones hablamos, quién mejor que Shelby para extraer todo el potencial del deportivo del óvalo.

A 50 años del nacimiento del Mustang, Ford quiere darle continuidad a la leyenda y para eso desarrolló su versión más extrema: el Shelby GT350R, equipado con el motor aspirado más potente de su historia: un V8 de 5.2 litros y 543cv. Que además es el propulsor más eficiente en términos de potencia específica, ya que genera nada menos que 103cv por litro -sin ningún tipo de sobrealimentación- y puede alcanzar un altísimo régimen de giro, con la zona roja del cuentavueltas en 8.250RPM.

Este año sólo se producirán 100 unidades del Shelby GT350R, que cuenta como características principales un pack aerodinámico especial, llantas y alerón en fibra de carbono, suspensión adaptativa, barras de torsión y bujes calibrados específicamente para un mejor comportamiento en las pistas. También se buscó una reducción de pesos a fin de optimizar aún más el rendimiento, quitándole el equipo de aire acondicionado y las butacas traseras. Un auténtico purasangre; la definición más acertada para la nueva criatura de Ford.